| Los tipos de piel son los siguientes: normal,
grasosa, reseca o combinada. El tipo se determina según el grado
de grasa o resequedad que tenga la piel. Como podremos ver más abajo
en este artículo, generalmente el tipo de piel se relaciona con el
tamaño del poro.
Un método sencillo para determinar su tipo de piel puede lavarse la
cara y esperar unos 30 minutos. Entonces coloque una pieza de papel facial
de tejido fino contra cada área de su cara: frente, nariz, barbilla
y mejillas. Sus áreas grasosas dejarán el aceite en el papel.
Este procedimiento puede ayudar a identificar el tipo de piel, sin embargo
actualmente existen equipos disponibles en el mercado que diagnostican
rápida y eficientemente cual es el tipo de piel de la persona y
cuales zonas de la cara están en condición normal, grasosa
o reseca. Un diagnóstico preciso del estado de la piel puede ayudar
a establecer el tratamiento más adecuado a seguir.
- La piel normal tiene un equilibrio balanceado entre
agua y grasa haciendo que se humedezca bien de manera natural. Los poros
son de tamaño mediano. Cuando usted estira de la piel lejos de
la estructura huesuda y la suelta, vuelve rápidamente a la posición
normal.
- La piel grasosa tiene una textura gruesa y tiende
a lucir abrillantada. Una piel grasosa es el resultado de una sobreactividad
de las glándulas sebáceas. Esta sustancia ayuda a conservar
las células muertas en los folículos del pelo las cuales
se van oscureciendo debido al contacto con el aire dando lugar a los
conocidos puntos negros. En este tipo de piel los poros tienen a ser
más grandes. En muchos casos los individuos con piel grasosa
tienden a sufrir de acné en sus años de adolescentes o
adulto joven.
- La piel reseca tiene una textura áspera y
en algunos casos puede llegar a ser escamosa. Los poros tienden a ser
más pequeños debido a que produce menos aceite. Sin la
humedad adecuada la piel seca puede fácilmente agrietarse y lucir
más envejecida que otros tipos de piel.
- La piel combinada es aquel tipo de piel que posee
diversas zonas con características distintas. Por ejemplo, la
frente, nariz y barbilla, comúnmente conocida como la zona "T"
son propensas a ser más grasosas que el resto de la cara, mientras
que las mejillas y el cuello tienden a ser más secos.
Cada tipo de piel requiere de un tratamiento distinto para recuperar
y mantener su lozanía. Por tal motivo en algunos casos es recomendable
acudir a un cosmetólogo experto que permita configurar un tratamiento
periódico para cada de piel.
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